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CHARLES LINDBERGH EN VENEZUELA

Lindbergh¡Ese muchacho es el diablo!- sonrió Gómez, tras pasarse la mano por el bigote

OSCAR YANES |  EL UNIVERSAL

En tiempos de Lindbergh


El sábado 28 de enero de 1928, en horas del mediodía, el honorable Cornelius Van H. Engart, Encargado de Negocios de Estados Unidos en Venezuela, recibió en su residencia, en El Paraíso, un cable: “Bogotá, enero 28. Legación Americana. Caracas. Aterrizaré en el campo de aviación de Maracay a las 4 de la tarde de mañana. Antes de aterrizar volaré sobre Caracas. Coronel Lindbergh”.

Gómez le alquiló la casa de El Paraíso a la Legación Norteamericana. La gente comenzó a viajar hacia Maracay desde el mismo sábado. La empresa de automóviles 3.085 cobraba cuarenta bolívares por puesto, con retorno. Un escándalo.

Gómez ordenó al Gobernador de Caracas que se reuniera con los banqueros para que sus establecimientos no abrieran el lunes, día señalado para la llegada de Lindbergh a Caracas. La gente pesada comenzó a comprar ropa muy fina, para el suntuoso baile en el Club Paraíso y el almuerzo en el Country.

Lindbergh volaba al mediodía por el Arauca y una tempestad puso en dificultad al aviador, cuyo paso fue señalado a la 1:15 minutos de la tarde por el puerto venezolano de Nutrias. A las 5:35 ya se encontraba sobre Macuto, La Guaira y Maiquetía. En esta población se efectuaba una procesión en la plaza de “El Cristo de Maiquetía”. Centenares de personas, que se encontraban allí, comenzaron a gritar: -¡Viva El Águila! -¡Viva El Águila!- Mientras, el Padre Machado no pudo contenerse y gritó: -¡Dios te bendiga, hijo mío! A un cuarto para las 6, Lindbergh volaba sobre Caracas.

En el Nuevo Circo estaba toreando Marcial Lalanda, “la primera figura contemporánea del arte de lidiar reses bravas”. El matador, cuando vio el avión, dejó el toro y se fue hacia las tablas; lo mismo hicieron los otros toreros. El “Espíritu de San Luis” viró y volvió de nuevo a pasar sobre el Nuevo Circo, a baja altura.

¡Ole! -exclamaron miles de voces. El toro se quedó solo en el ruedo, pues hasta los toreros seguían con los ojos clavados en el cielo.

En Maracay, Gómez estaba inquieto porque sabía que “El Águila” había tenido problemas en el Arauca, además su hijo Florencio le había dicho que si el aviador tardaba más “tendrá que aterrizar a oscuras, aquí no hay iluminación”. Lindbergh no estaba preocupado e hizo unas cuantas maniobras antes de aterrizar. La gente enloqueció cuando vio como casi tocaba el suelo y se remontaba maravillosamente.

-¡Ese muchacho es el diablo!- sonrió Gómez, después de pasarse la mano derecha por el bigote. Tres hijas del Presidente regalaron flores al visitante, y los mamadores de gallo inventaron un cuento que circulo por toda Caracas.

Decían que Lindbergh, al recibir las flores, preguntó: -¿Naturales?- y Gómez, quien escuchaba, se apresuro a decir: -Naturales, pero reconocidas,- pensando que el norteamericano deseaba saber si eran frutos de un matrimonio o de una aventura. Cuando Lindbergh se fue, Gómez le dijo a su hijo Florencio: “Esos aparatos serán terribles en la guerra. Tenemos que comprar dos.”

Así son las cosas.

ayanes@cantv.net

 

TRES ENTIERROS EN LA GUAIRA

cementerio_guanapeVenezuela, sus hombres y sus hechos

La Guaira como todo puerto y pueblo de mar tiene leyendas que se nutren, en lo esencial, de hechos que viven y dejan de vivir, personajes que son parte del pueblo, alma del puerto y que viven, como detenidos en el tiempo guaireño que muchos tratamos de que no lleve el río o el mar o los deslaves que de tiempo en tiempo, castigan la hermosa zona del llamado litoral guaireño.-

Tres personajes de esos que siempre perviven hemos recordado en largas tertulias con amigos y buenos compañeros. Se trata de Sofía La Ñara que fuera una mujer que vivió río Osorio arriba y que recogía los gatos de La Guaira y los criaba pero, lo más extraordinario era que a Sofía la acompañaban los gatos por donde quiera que iba. Era inherente a ella sus gatos y por eso se cuenta que, cuando un día se fue de la ciudad, todos los gatos se fueron con ella. Aquel fue un suceso extraordinario y a Sofía la buscaron por todas partes. Todos daban su versión. Hubo quien dijo que Sofía y sus gatos se habían ido montaña arriba y que un tigre, de los muchos que merodeaban por las alturas, se la había comido. Esta como que fue la verdad del destino de Sofía, porque mucho tiempo después de que Sofía se perdió alguien que andaba por Guaracarumbo, encontró un zapato y unos huesos y restos de tela lo que hizo suponer que eran los restos de Sofía.-

Los otros dos personajes que nos recordaron fueron dos ciegos llamados Tomasa y Marcos quienes, además de ser profundamente diferentes no solo por el sexo sino por sus caracteres que eran completamente opuestos.-

Tomasa era temible. Iba por los callejones estrechos y queridos con un gran garrote y no vacilaba en lanzar terribles palos al aire que, si se tenía la mala suerte de encontrarse con el palo, lo más probable es que saliera muy mal herido.-

Había otra ciega en aquellos contornos. Era la ciega de Maiquetía que, de vez en cuando, se deja caer por La Guaira a ver que conseguía. Un día tuvo la mala suerte de encontrarse con el palo de Tomasa y la cieguita de Maiquetía se murió.-

El ciego, Marcos era todo un alma de Dios y que además se casó, tuvo hijos que creó vendiendo loterías y, pese a que sus hijos se fueron y lo dejaron botado, vivió feliz y sin odios, siempre con una palabra buena en la boca. Creemos, con los amigos, que Dios se lo llevó para que le alegrara el cielo de los ciegos. Murió como la cieguita de Maiquetía, como Tomasa al tiempo, pobres, pobre de solemnidad.-

Fueron ellos los que tuvieron aquellos entierros que no se pueden olvidar. No había familia pero había un señor en La Guaira quien, ayudado por dos hombres, llevaban la urna del Hospital a la última morada. Cuando se sentían cansados, allá por los lados de Guanape, descansaban dejando la urna sobre la acera.

Los dos hombres que cargaban las urnas de los pobres eran Camión, Guelefó y Juan Sin Paltó, quienes forman parte de esa corte de milagros que suspendida sobre los tiempos, es parte de la Guaira eterna. Es muy posible que estas líneas las vean desde el cielo Juan Manuel Álvarez y Carlos Navarro Giral y sonreirán porque tradiciones, personajes, hechos y cosas de su pueblo, que deben ser defendidas, las amamos mucho en pro de su memoria santa y limpia y porque me enseñaron a amar siempre, siempre al país y a sus expresiones esenciales.-

Juan De Dios Sánchez /Cronista de Baruta

 Fuente: http://www.diariolaregion.net/seccion.asp?pid=29&sid=1562&notid=116975

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